El Hombre Elefante

por Raúl

Dirección: David Linch.
Países: Estados Unidos, Reino Unido.
Año: 1980.
Actores: Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Freddie Jones.
Guión: Christopher De Vore, Eric Bergren, David Lynch.
Música: John Morris.
Fotografía: Freddie Francis.
Duración: 124 min.

El hombre elefante nos cuenta la historia de un hombre nacido en el Londres de la era industrial que padece una horrible enfermedad en forma de tumores alrededor de todo el cuerpo que lo convierten en un monstruo. Su nombre es John Merrick, y debido a su espantosa enfermedad vive esclavizado en un circo ambulante al que el doctor Frederick Treeves (Anthony Hopkins) acude y decide llevárselo al hospital para examinar un cuerpo completamente deforme, salvo en el brazo izquierdo, que lo conserva intacto.
Al principio de la película el Dr. Treeves comenta, al conocer a Merrick, que cree que es un completo idiota, que “ojalá lo sea”, pero Merrick resulta ser un hombre inteligente y sensible, bastante refinado, pese a que tiene poco más de veinte años, y esta es la clave de la película, como es la vida para una persona incapaz de poder convivir con otras personas por el espanto que causa, pero que siente y desearía poder vivir una vida normal.

David Lynch realiza un trabajo espectacular y digno de admiración, no solo por los planos que regala al espectador, que son enormes, sino por la manera de enfocar el tema. Podría haber caído en el sentimentalismo, pero a través de multitud de escenas inolvidables, consigue hacer que el espectador sienta admiración y respeto por Merrick, que mire a través del exterior de su cuerpo y sólo vea los sentimientos de un hombre que sufre lo indecible. Es más hace que sintamos repulsión por todo aquel que es cruel con él, que lo margina y lo maltrata solo por el hecho de ser diferente. Yo destacaría varias escenas, cuando Merrick baja del tren y la multitud se agolpa hacia él, la primera vez que Treeves ve su cuerpo y la escena final, inolvidable. Que esté rodada en blanco y negro, da la sensación de encontrarnos ante un clásico y, en contraposición a lo que nos tiene acostumbrados últimamente, Lynch realiza una película dentro de lo convencional, sobria y de fácil identificación con el público.

Freddie Treeves es el hilo conductor de la historia, a través de su mirada y de su forma de tratarlo como a alguien normal podemos entender la profundidad de “el hombre elefante”, que no ha elegido ser una atracción de circo y que vive atormentado por Bytes, el hombre que lo cuidaba y contaba al público que su deformidad se debía a que su madre fue violada por elefantes, tal era su crueldad. Anthony Hopkins realiza uno de los mejores papeles de su carrera y sólo con su mirada hace que veamos de forma diferente a Merrick, y lo más importante, que no sintamos miedo ni compasión por él, tan solo respeto. Merrick está interpretado tras varias capas de maquillaje por John Hurt, de lo poco que podemos atisbar bajo su disfraz, hace un gran papel y la voz es clave en su interpretación (en el doblaje al español puede parecer incluso ridícula, una vez más recomiendo la VOS).

La historia de Merrick es real y está documentada dos libros, uno de ellos escrito por el verdadero Dr. Treeves y es uno de los casos más excepcionales de la historia de la medicina, hay que tener en cuenta que la recreación del cuerpo de Merrick es casi idéntica a la real, por lo que todavía hace que se te encoja más el corazón al conocer su historia.

A destacar también la banda sonora de John Morris, que hace que la escena final sea todavía más especial, con una pizca de sensibilidad se te saltarán las lágrimas.

Pese a que obtuvo 8 nominaciones a los Oscars, no obtuvo ninguna estatuilla, en 1980 la triunfadora fue Gente Corriente, un drama sobre el paso del tiempo. Una buena película más acorde con el público americano, aunque se ha comentado mucho que El hombre elefante merecía el Oscar a la mejor película en realidad.

Una magnífica película que lleva genial el paso del tiempo y que merece más reconocimiento del que tiene, aunque como todo en el arte, las cosas buenas con el tiempo se revalorizan.

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